Un minuto. Ese era el tiempo que tendría luego de inyectarse el generador de ideas. En su escritorio, que previamente había limpiado y ordenado, ahora sólo yacían las notas que había tomado durante los últimos diez años, un cuaderno con algunas hojas en blanco, su lápiz preferido y la jeringa ya preparada.
La última pregunta que se hizo de manera consciente fue por qué nunca nadie había usado esa poderosa sustancia para el mismo propósito que ella lo hacía. Por un momento lo interpretó como una señal de que debía detenerse. Pero al alzar la vista y ver el cartel promocionando el lanzamiento de "El Espía" que colgaba de un clavito en la pared de su habitación, se sintió afortunada.
Chiara ajustó la banda elástica alrededor de su brazo, como tantas veces había visto a su padre hacerlo antes de una larga jornada de trabajo, y valientemente insertó la aguja en la vena correcta. Cuando el líquido hubo ingresado por completo, activó el cronómetro con un comando de voz y en la pantalla de la computadora apareció la cuenta regresiva. Sesenta segundos.
Lo que sucedió después no podría haberlo explicado ni habiendo contado con todo el tiempo del mundo. De repente, el caballo muerto en la ruta y el perfume que llevaba puesto la abuela de la víctima el día de la tragedia tenían una conexión tan evidente que no entendía cómo se le había escapado. Todo encajaba a la perfección. Chiara escribía lo más rápido que su mano le permitía, aunque parecía ya no estar controlada por su cerebro. No sabía de dónde salían todas esas palabras, como cuando hablaba estando borracha o cuando pensaba en cosas totalmente desvinculadas antes de dormirse. Tenía miles de ideas para el título, pero sólo alcanzó a escribir un simple "instrucciones para resolver el caso". En el instante en que el contador marcó cero, el lápiz rodó por la mesa y su cuerpo cayó inerte.
Fue su hermano el que encontró las instrucciones y resolvió el caso. Pero a Chiara nunca le había importado no ser ella la que se llevara el crédito. Su único objetivo siempre había sido ganar el juego más difícil de la historia.