Tantos mediodías había pasado por ahí al volver de la escuela esperando alguna vez encontrar algo. Aunque siento que la palabra "algo" no le hace justicia a lo que me estoy refiriendo. Yo quería encontrar un cuerpo. Mi mamá se escandalizaba cuando hablaba de eso, pero yo había visto "Hannibal" suficientes veces como para dejar de desearlo. Ni siquiera ahora siendo mayor me parece incorrecto. Puede que me falle la empatía, pero nunca me faltó la curiosidad.
Quería encontrar un cuerpo en el fondo de ese terreno baldío, y quería ser yo el que lo encontrara. Quería que la policía tocara las puertas de mi barrio e interrogara a mis vecinos, para investigar quién lo había hecho. Y quería salir en la tele, explicando cómo me había topado con ese escenario que resultaba tan extraño en mi pequeño pueblo, donde la gente sólo moría en accidentes de tránsito.
Lo vi ese día de agosto con temperatura prematuramente primaveral, cuando pasaba por la tan conocida vereda, con el guardapolvo desprendido y arremangado. Vi una bolsa negra y vi un perro husmeando los alrededores. También había moscas, o quizás las imaginé. "Por fin", pensé. Quise acercarme, pero mis piernas nunca interpretaron las órdenes y simplemente seguí camino a casa. Tenía demasiado miedo de saber la verdad. ¿Y si lo había imaginado tantas veces que finalmente yo lo había hecho?